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FELICIANO TISERA

Viaducto de Millau

Lozère es uno de los cuatro departamentos (provincias) en los que se divide la región  de Languedoc-Rousillon. Es el de menor densidad de población de toda Francia, y sus pocos habitantes son tan amables que destrozan el estereotipo del francés antipático: se desviven por mostrarte lo mejor de una tierra y una cultura de las que se sienten orgullosos.  

Si bien te encuentras continuamente rodeado de campo y vida rural, todo está muy bien conectado con carreteras en excelente estado, en las que todo el tiempo el paisaje invita a detenerse a contemplar los ríos, los pueblecitos o los animales.

‘El arte de vivir’ es el lema, con el que la región busca atraer al turista, no puede ser más acertado: las cuatro principales atracciones de Lozère son su gastronomía, el ambiente rural, las actividades familiares y el turismo-salud. Si buscas juerga, no es tu destino. Aquí disfrutarás de una comida de excelencia, paisajes de campo de película y paz: ideal para desconectar del estrés de la ciudad. Si eres de sueño liviano, lo único que te puede despertar es el tolón tolón de los cencerros de las vacas por la mañana.

Si te gusta comer, en Lozère puedes darte todos los gustos en productos de su tierra: vinos, embutidos, setas, pan casero, quesos… Todo de primera calidad. Uno de los platos típicos de la zona de Aubrac, en el norte del departamento, es el aligot, un puré de patatas cremoso hecho con nata y un queso especial de la zona (tome fraîche) que casa muy bien con vino tinto -y en la zona los hay excelentes-. Lo preparan en la mesa, frente a ti. Por no hablar de la infinidad de postres y licores.

Carne y alojamientos rurales

La carne merece un apartado especial. En el macizo de Aubrac, la vaca típica (vache de l’Aubrac) se alimenta de la hierba del campo y no está encerrada en establecimientos de engorde. No se usa para leche, solo para carne. El resultado es espectacular: hay que ir y probarlo.

Los alojamientos rurales son muy modernos y acogedores. No por estar en el campo son descuidados. Se puede estar en contacto con lo rural sin resignarse a las comodidades.

En este sentido, existe el concepto de chambre d’hôtes (habitación de huéspedes): casas de familia que pueden alquilar hasta cinco dormitorios, acondicionadas para que sus dueños atiendan a los clientes. Como La Boire de l’Aubrac, residencia de la familia Mouliade Sunyer (él, francés; ella, catalana; dos niños), entre las poblaciones de Nasbinals y Aumont-Aubrac. Enclavado en un paisaje muy verde en verano y nevado en invierno, es un alojamiento rural de gran comodidad y hasta tiene una habitación para personas con movilidad reducida. Antes, allí vivían campesinos que incluso dormían con las vacas para aprovechar su calor.

En el mismo Nasbinals está L’O d’ici, un antiguo granero en ruinas que su dueña transformó en alojamiento rural refinado, con cuatro habitaciones con varias camas cada una.

Otra casa de chambre d’hôtes es La Grange d’Emilie, en Fontans, cerca de Mende, capital de Lozère. Además de contar con las espectaculares vistas de la campiña, tiene un espacio de bienestar con sala de masajes, jacuzzi, sauna, baño turco y gimnasio.

Cuando el alojamiento rural tiene más de cinco habitaciones se convierte en una gîte, como Les Granges de Bigose, con 9 dormitorios y dos estancias para albergar peregrinos del Camino de Santiago (por el macizo de Aubrac es muy habitual cruzarse con peregrinos haciendo el Camino francés). El macizo del Aubrac es un altiplano de 40 por 60 km, cuyo punto más alto está a 1.469 metros, y comprende tres departamentos: Lozère, Cantal y Aveyron (donde está el Viaducto de Millau, el puente más alto del mundo, que se cruza para llegar a Lozère por la autovía A75). Comparten la misma cultura y la misma pasión por la comida natural de su tierra.

En la población de Aumont-Aubrac no podéis perderos un restaurante de una estrella Michelin, Chez Camillou, donde su chef, Cyril Attrazic, reivindica los productos de esta tierra, con los que sirve comida de alta escuela en porciones abundantes. Un lujo.

Viaje en familia, un turismo saludable

Si vas en familia, no te pierdas la Reserva del Bisonte Europeo (única en Francia) en Saint-Eulalie ni el Parque de los Lobos de Gévaudan, donde hay visitas nocturnas para oír los aullidos en directo.

Conocer la reserva del bisonte europeo en Saint-Eulalie es una experiencia fascinante: un recorrido de una hora por el bosque, hábitat de estos bovinos salvajes, a bordo de una calesa tirada por caballos. El bisonte europeo es extremadamente peligroso, por su carácter salvaje, e imposible de domesticar. Tras quedar al borde de la extinción, una campaña europea, que encabeza Polonia, está tratando de salvarlo. Vive en bosques y come hojas, flores, champiñones, cortezas y ramitas: hasta 30 kilos al día. A diferencia del americano, que vive en praderas, se alimenta de hierba y es más bajo y corpulento, el bisonte europeo puede llegar a los dos metros de alto. Aguanta muy bien el frío por el espesor de su lana, que cambia todos los años, y puede alcanzar una velocidad de 50 km/h y saltar hasta dos metros de altura.

En Aubrac, otra atracción interesante es el paseo en trineo tirado por perros, el mushing. Cerca de la estación de esquí de Bouviers, Mathieu Lamblin lleva adelante el emprendimiento Aubrac Mushing. Si no hay nieve, en lugar de trineo los perros te llevan en una especie de patinetes con ruedas.

Para los que quieran cuidar su cuerpo en sus vacaciones, Lozère cuenta con establecimientos de aguas termales con propiedades curativas,  que pueden incluir masajes. Por ejemplo, en el extremo oeste de Lozère, en Brion, La Chaldette tiene dos piscinas de aguas termales con chorros masajeadores de diferentes intensidades, rodeados de tumbonas para relajarse con vistas al campo. Aunque se especializa en tratamientos respiratorios, tienen también, por supuesto, tratamientos de puro placer.

Datos prácticos

  • Cómo llegar: se puede viajar en AVE hasta Montpellier, y de allí tomar un coche de alquiler. Para los que prefieran viajar por aire, desde Madrid, Málaga, Sevilla, Valencia, Palma o Ibiza se puede tomar un Ryanair hasta Marsella, y de allí se pueden conducir 200 km hasta Mende, capital de Lozère (si se compra con tiempo, el billete puede costar 40 euros ida y vuelta). Desde Madrid, Barcelona, Palma e Ibiza también se puede volar en EasyJet hasta Lyon, y conducir 173 km hasta Mende.
  • Alojamientos: lo mejor es informarse sobre las habitaciones de huéspedes (chambres d’hôtes) que haya en la zona. Puede hacerse en la web que ofrecemos a continuación
  • Más información: si está interesado en viajar a la zona y quiere más datos de la región de Languedoc-Rousillon puede consultar, en inglés y francés, la página web www.destinationsuddefrance.com.





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