Noticias, información, fotos y curiosidades sobre viajes en nuestro buscador.-

EFE

  • Añora los tiempos del Rally Dakar, cuando el turismo era actividad principal.
  • Levantada entre los siglos XV y XVI, desde junio es Patrimonio de la Humanidad.
  • La Unesco destacó así los 11 barrios de su centro histórico, levantado con ladrillos de adobe durante el sultanato tuareg de Air.

Agadez

Agadez, levantada entre los siglos XV y XVI a las puertas del desierto nigerino del Teneré y clasificada el pasado junio por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad, recuerda con añoranza los tiempos en los que el turismo era una de las principales actividades de la ciudad.

“A finales del siglo pasado, Agadez era una etapa ineludible para los organizadores del Rally París-Argel-Dakar, lo que contribuyó a desarrollar el turismo que es una de nuestras principales actividades económicas”, comenta Mohamed Agaly, un antiguo guía turístico que ha buscado mejor suerte trabajando como artesano del cuero.

Sin embargo, las rebeliones tuareg y los golpes de estado que salpicaron Níger a lo largo de la década de los 90 alejaron a los todoterreno del famoso Rally, que pisó Agadez por última vez en 1997, y poco a poco fue debilitando el turismo.

“Las rebeliones armadas, que comenzaron en los años noventa, acabaron con nuestra principal fuente para ganarnos el pan. Los turistas blancos dejaron de visitar nuestro monumentos históricos o nuestro hermoso desierto por miedo a ser secuestrados”, subrayó un apesadumbrado Agaly, antes de agregar que las recientes amenazas terroristas han empeorado aún más la situación.

Mientras termina de coser unas alpargatas de cuero, Agaly recuerda el tiempo en el que a Agadez llegaban diariamente vuelos chárter de varias ciudades europeas con viajeros y turistas ávidos por descubrir los secretos de este antiguo enclave comercial.

El pasado junio, la Unesco incluyó en su listado el centro histórico de la ciudad, levantado con ladrillos de adobe durante el sultanato tuareg de Air. En total, son once barrios que se extienden en 70 hectáreas, en los que destaca la Gran mezquita y su alminar de tierra que parece desafiar al cielo, el Palacio del sultán, la Casa del panadero o la del explorador alemán Henri Barth, que residió en la ciudad en 1850.

Según el historiador nigerino Djibo Hamani, el origen de la ciudad, centro comercial entre el África septentrional y la subsahariana, se remonta al siglo XI. “La ciudad de Air fue una importante encrucijada comercial de caravaneros, un punto de unión entre el África negra y el Magreb, donde la hospitalidad es un valor esencial entre la población local”, dice la socióloga Sumana Adamu.

Según Adamu, su nombre viene de la palabra egdez, que en tamasheq, la lengua de la comunidad tuareg que fundó la ciudad, significa “hacer una visita”. “Estos valores favorecieron la eclosión de la diversidad étnica en esta ciudad, donde viven etnias como la haousa, la árabe, la kanuri, la sonrai o la peul en perfecta simbiosis”, agrega la socióloga.

En algunas calles se percibe algo de actividad y de movimiento, pero las patrullas militares que recorren la ciudad de manera intermitente siguen recordando el sangriento atentado ocurrido en mayo. Agaicha Ibrahim, que regenta una tienda de lencería, se siente satisfecho por la presencia de las fuerzas de seguridad: “Están para proteger nuestras vidas y nuestros bienes de los grupos terroristas”.





Viajes

No hay